LA MINGA: UN INSTRUMENTO VIVO PARA EL DESARROLLO COMUNITARIO

Nadie, como los pueblos indígenas, conoció y respetó los secretos de la tierra;
nadie como los Incas supo cultivar los Andes sin destruirlos; nadie como los pueblos
amazónicos supo vivir en la selva sin arrasarla; tenemos el deber de escuchar
sus sabidurías y hacer de esos sabios poseedores de intuiciones y visiones
milenarias aliosos consejeros del porvenir.
(Ospina, 2006)

 

 

 

LA MINGA COMO TRADICIÓN INDÍGENA

 

Si bien es cierto la minga es una práctica milenaria en los pueblos indígenas, no es fácil encontrar información escrita que permita analizar más a fondo respecto de su connotación. Ricardo Oviedo (2005) sostiene que:
“el carácter de la conquista define varias instituciones coloniales, como la encomienda, la mita, la reducción, el rescate, el reparto; a la minga,como institución, la “favoreció” el conquistador, para poder desarrollar sus actividades en sus fundos, haciendas y capillas.

El término minga viene, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua (2012), del quechua minkka, que tiene dos acepciones: “Reunión de amigos y vecinos para hacer un trabajo gratuito en común, y trabajo agrícola colectivo, solidario y gratuito con fines de utilidad social”

Según Chávez (2004), desde la tradición y el conocimiento de los indígenas kichwas, habitantes milenarios de la sierra ecuatoriana, “los trabajos que benefician a la comunidad deben realizarse en minga para hacerlos más rápido y mejor”. A la minga se la ve como una gran fiesta comunitaria en la que hay trabajo, comida, bebida, alegría y esperanza de mejores días; en ella, cada participante, sin importar su sexo o edad, se siente miembro de la comunidad; cada uno siente que su presencia y trabajo son importantes para alcanzar el objetivo común, y aquí la reciprocidad es el principio fundamental, que señala que todo trabajo o servicio recibido por la familia debe compensarse por su equivalente en el tiempo y ocasión apropiados.

En este sentido, el dueño de casa no necesita dar órdenes; su rol es atender a los vecinos, los invitados, y brindarles la mejor comida y bebida; los “mingueros” no reciben sueldo ni pago en efectivo; su apoyo y trabajo se agradece moralmente; la colaboración prestada crea, para el que la recibe, el compromiso moral de ofrecer un igual servicio cuando el vecino, a su vez, lo necesite; sin embargo, se necesita, de “los que saben”, medidas, cantidades, procedimientos.

A pesar de que el valor de la minga se ha disipado, su funcionalidad sigue manifestándose viva en los contextos rurales y en algunos acontecimientos urbanos; sin embargo, la connotación particular de su práctica ha asumido históricamente matices propios de su dinámica y transformación, resultado de encuentros continuos y adaptaciones de nuevos elementos, pero la esencialidad y trascendencia ha permanecido, pese a los modelos valorativos de la modernidad y las nuevas tecnologías.

El valor trascendental de esta práctica, su dinamismo, transformaciones, capacidad de cohesión social y participación, motiva a retomarla como una herencia que debe reconocerse y apoyarse más allá de la inmediatez, al asumir, para ello, procesos efectivos de planeación, donde la posición del individuo adquiere una importancia significativa.

Una reflexion mas profunda, y desde el contexto nariñense, la propone Fals Borda(2004) cuando afirma:

 

 

Como sociólogo creo percibir que aquí en Nariño y en otras fronteras,
siguen vivas raíces ancestrales y valores y actitudes conformantes de
vida y de progreso que vale la pena cuidar, regar, abonar y multiplicar
sobre este mundo espantoso que heredamos y que debemos saber
reconstruir.

 

 

VALORES PRESENTES EN LA PRÁCTICA DE LA MINGA

 

La importancia de su representación obedece a que se ha consolidado en un elemento fundante de un imaginario social, que lleva inmerso el trascender las necesidades individuales, para matizarlas en unas generalidades.

 

  • La Participacion. Según el Diccionario de Sociología, “la participación funda sus lineamientos en el objetivo de responder proactivamente a necesidades reales de una comunidad” (Pratt, 1997). La minga es un espacio de acción colectiva, un instrumento de trabajo comunitario, donde se favorece y facilita la superación de aquellas dificultades que deben resolverse; es ademas, un motivador y unificador ya que el ser humano, como sujeto histórico y social, a través de la participación
    construye su realidad.
  • El empoderamiento.  Es un proceso donde la capacidad de acción colectiva gira en torno a intereses, lo que permite estructurarlos y articularlos para poder participar en igualdad de condiciones tanto en lo económico como en lo político y social para poder definir unos actores sociales, conocedores del contexto, sus necesidades, con integración de su saber y sus anhelos en la postulación de metas y en el logro de objetivos, orientados a alcanzar un bien común (Silva, 2004); implica el considerar el carácter sistémico de su connotación como valor incluido en los individuos
    participantes, quienes, sin duda, se constituyen en capital social, que trenza en conjunto una visión más integradora de las colectividades y posibilita mecanismos comunitarios de encuentro social.
  • Solidaridad. Esta es “primariamente una realidad antropológica, aunque con dimensiones éticas, económicas y políticas, a la que le es esencial la referencia al otro, pero de manera precisa: hay que estar abiertos al otro tanto para dar como para recibir” (Sobrino, 2002). La solidaridad no se agota en el uno mismo. La solidaridad es alteridad en estado puro. Siempre es hacia otro. La solidaridad empieza allá donde se acaba el yo y empieza el tú.
    La solidaridad como valor sustenta la presencia de lo heterogéneo y admite la posibilidad de establecer comunidades mediadas por el reconocimiento de la diferencia. La minga, como instrumento de trabajo comunitario, se integra a una visión de construcción colectiva de objetivos, y aquí la solidaridad se vislumbra en el sentido otorgado a la complementariedad de los oficios y compromisos.
  • Equidad. Se moviliza en el reconocimiento de las diferencias, lo que implica el llevar a cabo procesos de mejoramiento y gestión que propendan por un bien común, al cimentar sus horizontes en la diversidad y en la inclusión de los diferentes miembros en una visión colectiva, aspectos presentes de manera fundamental en la minga.
    Así las cosas, la equidad                                                                                                                                                                                                              permite confrontar las perspectivas individualistas, fragmentarias y dispersas sugeridas por el desarrollo del capitalismo en la Historia, para proponer una mirada que, desde lo colectivo y lo comunitario, plantee propuestas de desarrollo desde la óptica de un bien común compartido a partir de un sistema de valoraciones, de intercambio cultural diverso, que considera la diferencia como una ventaja competitiva para la conciliación, la resolución de conflictos y la satisfacción de necesidades básicas desde el reconocimiento y participación del Otro. (D’Elia, 2004)
  • Gestión. Boisier (2001) resalta que la gestión “logra ensamblar una serie de acciones e ideales para el alcance de objetivos definidos dentro de un efectivo proceso de planeación, con metas claras en un espacio determinado”; es decir, se combina no sólo una gama de intereses, sino también capacidades de involucramiento, que surgen a partir de la apropiación
    de un sistema de valoraciones compartidas que, al igual que en la minga,estructuran y cristalizan las bases para la identificación, concertación y de definición de acciones en un propósito común.
  • Liderazgo. Si bien es cierto la minga podría definirse como la unión de fuerzas para alcanzar un propósito común, se fundamenta en quien lidera, convoca y dirige las acciones, es decir      que la minga no existiría sin quién la lidere. El liderazgo, según Ileana Alfonso Sánchez              (1999), es:                                                                                                                                                                                                                                         Una facultad de dirigir al logro de metas determinadas en un corto, mediano o largo plazo, las cuales se miden por su nivel de impacto y posicionamiento. El líder se apoya en el grupo humano y lo reconoce como su más importante capital, lo reivindica y y lo fortalece, afirma  su participación en la colectividad y en su diversidad.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                Este valor es uno de los atributos más sobresalientes para potenciar el capital humano, lo que implica el asumir nuevos retos en el desarrollo personal desde una proyección social que vislumbraría horizontes esperanzadores en torno al capital social.

 

 

CONCLUSIÓN

La minga como figura ancestral y cultural se presenta como un modelo efectivo de trabajo comunitario, que puede incursionar dentro de los planteamientos de la Sociología, al tener en cuenta que su estructura aborda valores relacionados integralmente con el desarrollo comunitario; estos componentes se orientan, desde el imaginario andino y nariñense, a la satisfacción de necesidades, para lograr trascender las fronteras espaciales y temporales.
Esta institución de trabajo comunitario y de propósitos comunes busca fortalecer los lazos de unión, cooperación, solidaridad, compromiso, cohesión, responsabilidad, liderazgo y trabajo en equipo, entre otros aspectos; además, como configuracion cultural, se asume como una fortaleza evidente y propositiva, en la coyuntura de la contemporaneidad, como aporte evidente desde el presente hacia las nuevas generaciones.
Para que exista un verdadero progreso colectivo, es fundamental repensar la pertinencia de las políticas sociales, al plantear alternativas sugerentes desde lo regional dentro de los procesos de cambio; en ello, es trascendental motivar hacia actitudes comprometidas con los procesos de desarrollo de parte de los miembros de la comunidad, con valoración de su dinámica y vitalidad en las relaciones que permiten la interacción y los consensos entre la comunidad, las instituciones y el Estado.                                                                                                                                                                        Hoy en día, la minga y la intervención social se recrean en acciones sociales, como la participación, la autogestión, el cooperativismo, la economía solidaria, que, aparte de ser procesos en crecimiento, se constituyen en una realidad necesaria para poder enfrentar colectivamente la crisis impuesta por
el modelo neoliberal globalizante.

 

*Julio Cesar Obando Obando. Departamento de Sociología. Universidad de Nariño*

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